Norma 2.3 NOGAI Declarar los impedimentos a la objetividad

9/3/20268 min read

¿Qué es un impedimento a la objetividad del auditor interno?

La objetividad exige que el auditor pueda evaluar información y emitir juicios profesionales sin comprometer ni subordinar su criterio al de otras personas.

Por eso, un impedimento no debe entenderse únicamente como una situación en la que el auditor tiene un interés personal evidente. También puede existir cuando determinadas circunstancias generan una apariencia razonable de falta de objetividad, incluso si el auditor considera que puede realizar el trabajo de manera imparcial.

Esto es especialmente importante porque la confianza en Auditoría Interna no depende únicamente de que el análisis sea técnicamente correcto. También depende de que las partes interesadas puedan confiar en cómo se llegó a esa conclusión.

La pregunta práctica no siempre es “¿puedo ser objetivo?”, sino también “¿existe alguna circunstancia que razonablemente pueda poner en duda mi objetividad?”

Algunos escenarios que deberían generar una alerta

Por ejemplo:

  • Participar en la revisión de una actividad sobre la que el auditor tuvo responsabilidades recientes.

  • Tener una relación que pueda afectar, o aparentar afectar, el juicio profesional.

  • Encontrarse en una situación donde exista un interés personal relacionado con el resultado de la auditoría.

  • Recibir presión para modificar una conclusión o limitar un trabajo.

  • Detectar durante la planificación una circunstancia que pueda generar una percepción razonable de impedimento.

La intención de la Norma 2.3 no es convertir cada situación particular en un problema. Busca establecer un mecanismo para que las situaciones potencialmente relevantes sean identificadas, comunicadas y gestionadas de manera transparente.

¿Cuándo debe declararse un impedimento a la objetividad?

La Norma 2.3 establece que, cuando exista un impedimento a la objetividad de hecho o en apariencia, sus datos deben declararse oportunamente a las partes apropiadas.

Esto significa que el momento de comunicarlo es fundamental. No se trata de esperar hasta que termine la auditoría para explicar una situación que podía afectar la percepción o fiabilidad del trabajo.

Caso práctico: el auditor que revisa su antiguo proceso

Imaginemos que Ana trabajó durante dos años como responsable del proceso de compras. Después de incorporarse al equipo de Auditoría Interna, recibe la asignación para auditar precisamente ese proceso.

Ana considera que puede realizar la auditoría de manera profesional y objetiva. Sin embargo, existe una circunstancia que debe ser considerada y declarada: tuvo responsabilidades sobre el proceso que ahora debe evaluar.

La respuesta no necesariamente consiste en cancelar la auditoría. El punto es que la situación sea conocida y que el Director de Auditoría Interna determine cómo gestionarla.

Podrían evaluarse alternativas como:

  • Reasignar el trabajo a otro auditor.

  • Reprogramar la auditoría.

  • Ajustar el alcance.

  • Externalizar la ejecución o supervisión del trabajo.

Así, la organización no depende únicamente de la percepción individual del auditor, sino de un proceso formal para gestionar la objetividad.

Impedimento real vs. impedimento en apariencia: ¿por qué importa?

Uno de los aspectos más relevantes de la Norma 2.3 es que contempla tanto los impedimentos de hecho como aquellos en apariencia.

Un impedimento de hecho supone una circunstancia que afecta realmente la capacidad del auditor para mantener su objetividad. Pero una situación puede también generar una percepción razonable de falta de objetividad aunque el auditor considere que su juicio no está afectado.

Esto importa porque Auditoría Interna trabaja con información que posteriormente puede utilizar el Consejo, la Alta Dirección y otras partes interesadas para tomar decisiones.

Ejemplo: no existe conflicto, pero sí una percepción que debe gestionarse

Supongamos que un auditor debe revisar un área dirigida por una persona con quien mantiene una relación personal cercana.

El auditor puede estar completamente convencido de que será imparcial. Sin embargo, desde la perspectiva de terceros podría surgir una pregunta legítima:

“¿La relación podría haber influido en la evaluación?”

La declaración permite que la situación sea conocida y evaluada antes de que se convierta en un cuestionamiento posterior sobre los hallazgos, recomendaciones o conclusiones.

Esto no significa asumir que existe una conducta incorrecta. Significa actuar preventivamente para proteger la credibilidad del trabajo y de la función de Auditoría Interna.

¿Qué debe hacer el Director de Auditoría Interna?

Cuando un auditor interno identifica un posible impedimento, debe declararlo al Director de Auditoría Interna o al supervisor designado.

A partir de allí, corresponde evaluar si la situación afecta la capacidad del auditor para desempeñar sus funciones objetivamente y determinar las acciones apropiadas.

Si el impedimento afecta la objetividad, la Norma 2.3 contempla que el Director de Auditoría Interna comunique la situación a las partes correspondientes, que pueden incluir:

  • Dirección de la actividad bajo revisión.

  • Consejo.

  • Alta Dirección.

  • Otras partes interesadas afectadas, según corresponda.

La clave está en que exista una metodología que permita responder de forma consistente y no improvisada ante cada situación.

Una metodología puede definir, por ejemplo:

  1. Identificación del potencial impedimento.

  2. Declaración por parte del auditor.

  3. Evaluación de su impacto.

  4. Decisión sobre la medida apropiada.

  5. Documentación de la situación.

  6. Comunicación a las partes correspondientes cuando sea necesario.

  7. Seguimiento de la medida adoptada.

Esto convierte la objetividad en algo más que una declaración de principios: la transforma en un proceso gestionable y demostrable.

¿Qué hacer cuando el impedimento aparece después de terminar la auditoría?

Aquí encontramos uno de los escenarios más delicados.

Puede ocurrir que un impedimento a la objetividad sea identificado después de completar un trabajo y que afecte la fiabilidad, de hecho o en apariencia, de sus hallazgos, recomendaciones o conclusiones.

En ese escenario, la Norma 2.3 establece que el Director de Auditoría Interna debe comunicar el asunto a las partes afectadas y determinar las acciones apropiadas para resolverlo.

Ejemplo práctico

Imaginemos que una auditoría ya fue cerrada y presentada a la Alta Dirección. Semanas después se descubre que uno de los auditores asignados tenía una relación que no había sido declarada con un responsable clave del proceso auditado.

El problema no desaparece porque el informe ya haya sido emitido.

La función debería evaluar:

  • Qué parte del trabajo podría estar afectada.

  • Si los hallazgos y conclusiones mantienen su fiabilidad.

  • Qué partes interesadas deben ser informadas.

  • Si es necesario realizar alguna acción adicional.

La enseñanza para el líder de Auditoría Interna es importante: declarar oportunamente los impedimentos protege tanto al auditor como a la organización y evita que una situación conocida demasiado tarde cuestione todo un trabajo.

¿Cómo puede una función de Auditoría Interna demostrar que gestiona los impedimentos?

Una pregunta habitual para los líderes de Auditoría es: “¿Cómo demostramos que realmente estamos gestionando la objetividad?”

La Norma 2.3 proporciona ejemplos concretos de evidencias de conformidad. Entre ellas se encuentran:

  • Metodologías de Auditoría Interna sobre declaración de impedimentos.

  • Documentos con declaraciones sobre la presencia o ausencia de impedimentos.

  • Registros de las declaraciones y de las medidas adoptadas.

  • Aprobaciones de las medidas de mitigación por las partes apropiadas.

¿Por qué documentarlo?

Porque una declaración verbal puede resolver una conversación puntual, pero una evidencia documentada permite demostrar posteriormente qué ocurrió, quién evaluó la situación y qué decisión se tomó.

Para un líder de Auditoría Interna, esto también facilita la supervisión de la función y permite identificar patrones.

Por ejemplo, si durante un año aparecen repetidamente impedimentos relacionados con determinadas áreas, la información puede servir para revisar asignaciones, planificación y mecanismos de mitigación.

¿Cómo facilitar la gestión de impedimentos en el día a día?

La objetividad no debería gestionarse únicamente cuando aparece un problema. Puede incorporarse al propio flujo de trabajo de Auditoría Interna.

Una práctica útil consiste en establecer puntos de revisión antes y durante cada trabajo:

Antes de iniciar la auditoría

  • ¿Existe alguna relación previa con el área?

  • ¿El auditor tuvo responsabilidades sobre el proceso?

  • ¿Existe algún interés que pueda generar un impedimento?

  • ¿Hay alguna circunstancia que pueda generar una percepción razonable de falta de objetividad?

Durante la auditoría

  • ¿Apareció alguna nueva circunstancia?

  • ¿Existe presión para modificar el alcance o las conclusiones?

  • ¿Se mantiene la capacidad del auditor para ejercer su juicio profesional?

Si aparece un impedimento

  • Declararlo oportunamente.

  • Documentarlo.

  • Informar al responsable correspondiente.

  • Evaluar la medida de mitigación.

  • Registrar la decisión.

La ventaja de estructurar este proceso es sencilla: el equipo deja de depender exclusivamente de la memoria o criterio individual y cuenta con una forma consistente de gestionar situaciones sensibles.

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La objetividad no solo consiste en ser imparcial: también implica saber cuándo comunicar que algo puede afectarla

¿Qué ocurre cuando un auditor debe revisar un proceso en el que trabajó recientemente? ¿O cuando existe una relación personal con alguien del área auditada? ¿Y si el impedimento no es real, pero podría generar una percepción razonable de falta de objetividad?

Estas situaciones no necesariamente significan que el auditor haya actuado incorrectamente. El verdadero reto está en reconocer oportunamente el posible impedimento, declararlo y gestionar la situación antes de que afecte la credibilidad del trabajo.

La Norma 2.3 del Dominio II, sobre declaración de impedimentos a la objetividad, establece precisamente este enfoque. Cuando existe un impedimento a la objetividad, de hecho o en apariencia, los datos deben declararse oportunamente a las partes apropiadas.

En este artículo veremos cómo llevar este requisito a la práctica, qué situaciones deberían generar una alerta y qué alternativas puede utilizar el Director de Auditoría Interna para gestionar estos casos.

En este artículo encontrarás:

  • Qué significa realmente un impedimento a la objetividad.

  • Cuándo debe declararse.

  • Qué hacer cuando el impedimento es real o solo aparente.

  • Ejemplos prácticos para equipos de Auditoría Interna.

  • Cómo documentar y gestionar estas situaciones.

  • Qué evidencias pueden demostrar que la función está actuando adecuadamente.

Conclusión: declarar un impedimento también es ejercer objetividad

La Norma 2.3 sobre declarar los impedimentos a la objetividad lleva la objetividad del auditor a un terreno muy práctico: identificar una situación potencial, comunicarla oportunamente y gestionar sus efectos.

No se trata de asumir que todo impedimento invalida una auditoría. Se trata de evitar que una circunstancia no declarada termine cuestionando la fiabilidad de los hallazgos, recomendaciones o conclusiones.

Una función de Auditoría Interna madura no solo busca emitir buenos informes. También construye las condiciones para que esos informes sean creíbles, defendibles y confiables ante quienes toman decisiones.

La objetividad no se demuestra únicamente con lo que el auditor concluye. También se demuestra con la forma en que identifica y gestiona aquello que podría afectar su juicio.

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